¡Que se levanten, coño!
No es fácil dar un golpe de estado. Tienes que preparar durante meses la estrategia, ocultar a la mayoría de tus conocidos qué estás haciendo, y nunca perder la esperanza de que lo que estás haciendo no es una locura. Y esos son sólo los primeros pasos.
Estas últimas semanas he estado leyendo Anatomía de un Instante de Javier Cercas, y me ha hecho reflexionar sobre nuestro proyecto. Me he dado cuenta de que quizás no seamos tan diferentes a los golpistas:
- Son personas que tenían una idea de hacia dónde querían ir. Es cierto, quizás no todos tenían la misma idea y no todos pensaban acometerla de la misma forma, pero al final, todos buscaban colaboración para llevar a cabo una idea en común.
- Tuvieron que trabajar de una manera encubierta y definir un plan rápido, quizás imperfecto, para que no se les pasara el momento de actuar.
- Tenían ganas de actuar. Sabían que lo que tenían a su alrededor no les gustaba, y creían saber cómo solucionarlo.
La conclusión más clara después de leer el libro es que estuvieron muy cerca de conseguirlo, seguramente, mucho más cerca de lo que ellos mismos pudieron imaginar. Y lo más curioso es que todo estuvo en manos de un puñado de gente, que por omisión o por miedo, no fueron capaces de actuar como debían. Quizás con ellos el golpe hubiera triunfado, o quizás no, pero seguro que hubiera sido diferente.
Al final, mantener el status quo, el riesgo que conlleva enfrentarte a un superior y la inseguridad en la toma de decisiones fueron un freno insalvable para el golpe, que por otro lado, tampoco era perfecto. ¿Qué hubiera pasado si todo hubiera salido como esperaban? ¿Qué hubiera pasado si todos hubieran dado un paso hacia adelante? No lo sé.
Lo que sí sabemos es lo que ocurrió cuando todo el mundo dio un paso hacia atrás, cuando Tejero se quedó solo, con la pistola en la mano y una idea confusa en la cabeza (menos mal).
Lo demás son sólo suposiciones.









