Posts escritos en noviembre, 2010

Toc, Toc. ¿Quién es?

Soy una nueva empresa con una tecnología puntera y quiero que seas uno de los primeros en probarme. Seguramente a los tecnólogos que nos lean, este planteamiento puede hacerles salivar, pero por lo general, esta frase es el principio de un buen epitafio. Lo que menos quiere una empresa es algo arriesgado sin verle claramente una finalidad para su negocio.

Nuestro equipo está formado por ingenieros, y como tal, tenemos una tendencia natural a enredarnos en los tecnicismos, algo que nos gusta y además nos hace sentirnos cómodos. Nos gusta montar sistemas complejos y bonitos, seguros y con un montón de funcionalidad, pero en cambio, nos cuesta mucho salir de la madriguera.

Llamando a la puerta del cliente

Toc toc toc!!! by Lumiago

Y es eso exactamente lo que se necesita una vez que se tiene la idea, mirar a los futuros clientes y tener claro qué problema les vamos a solucionar, qué servicio que necesitan les vamos a ofrecer, porque sin eso, nada vale. Hace poco, las Telecos se dieron cuenta de ello, a nadie le importa si el móvil descarga datos mediante GPRS, 3G, UMTS, HSDPA, de todos ellos o de ninguno, lo que quieren es tener correo electrónico, Facebook, ver fotos de su familia y un montón de aplicaciones. Ahora eso está más o menos claro, pero no olvidemos que hasta “ayer” los móviles y los operadores se anunciaban como los que ofrecían tribanda, IrDA, WAP… aunque nadie tenía muy claro para qué servía eso.

Bueno, y si tenemos claro el problema a solucionar y cómo solucionarlo, ¿Cuál es el próximo paso? La venta, la parte comercial, el cara a cara, la gran prueba de fuego. Pero es necesario enfrentarse a ello cuanto antes, ya que esos deben ser los dos brazos de una empresa: la parte comercial y la parte técnica. Hay que aprovechar la experiencia de venta para estar cerca del cliente y saber qué quiere y cómo lo quiere, y ajustar la solución a ello.

A no ser que estéis haciendo algo por amor al arte, es mejor no alejarse mucho del cliente, pues como dice el dicho periodístico: “No vaya a ser que la realidad te joda una buena noticia”.

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¿Cómo medir el éxito?

Hay veces, que llegados a un punto, no conocemos el éxito de nuestras iniciativas, y es necesario establecer una “métrica” para no perder el norte.

Imaginemos que unos amigos montan una tienda online.

Tienen 10.000 visitas al día después del primer mes de funcionamiento. ¿Un éxito? Está claro que en cuanto a difusión el éxito es rotundo. Y… ¿Cuál es la finalidad con la que montaron la tienda? ¿Cumple sus expectativas?.

Resulta que la tienda de nuestros amigos es muy completa, en ella podemos encontrar casi de todo a precios muy buenos, pero tiene serios problemas a la hora de gestionar las existencias en almacén. También tiene demasiadas pantallas a la hora de hacer la compra y algunas de ellas resultan liosas para los clientes.

Deberíamos ayudar a nuestros amigos de la tienda, pero… ¿De qué modo?

Resulta que existe una forma de cuantificar el éxito de un proceso. La forma de hacerlo es usar KPIs (o indicadores de desempeño). Sirviéndonos de ellos intentaremos mejorar el beneficio de nuestros amigos.

Gráficas de resultados

Gráficas de resultados by Anónimo

Lo primero que hacemos es estudiar la web y decidir qué nos importa. Tomamos como valores clave: el número de usuarios del sitio, la cantidad de clics (para saber si la gente se mueve mucho), el tiempo que pasan en el sitio, la cantidad final de ventas (porcentaje sobre los usuarios totales), la edad de nuestros clientes, la forma de pago preferida, el número de usuarios que no completa su compra (los que usan el carrito, pero no adquieren productos) y el dinero que se gasta cada comprador (media).

Con todo esto, y tras una semana, podríamos obtener algunos datos, como por ejemplo: que el método de pago preferido de los clientes españoles es la tarjeta de crédito, que un 80% de las compras no se finalizan, que la mayor parte de los usuarios que compran tienen entre 25 y 35 años, que el porcentaje de compras sobre visitas es del 2% y también que el gasto medio por compra no llega a 20 euros.

¿Qué podemos hacer con esto? Pues usando la ley de acción y reacción, decidimos recomendar a nuestros amigos que mejoren el sistema de compras simplificándolo a 2 pantallas (una de datos y otra de confirmación), también les recomendamos que intenten negociar mejores condiciones con su banco, ya que la mayor parte de los ingresos son de pagos con tarjeta, y el porcentaje que les cobran es elevado. Y, en caso de que quisieran hacer publicidad, ya saben dónde tienen una mayor aceptación.

Espero que con este ejemplo tan chorra, e ideal, hayáis comprendido la importancia que puede tener el saber medir. Como habréis comprobado, hemos medido cosas que al final no nos servían (o no hemos utilizado). No se debe medir alegremente, ya que estamos perdiendo tiempo que podríamos dedicar a otra cosa, pero en un principio, mejor pasarse un poco y luego corregir, que quedarse corto y nunca llegar a saber la realidad del proceso.

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Divide y Vencerás

Con una sentencia tan contundente comenzaba el capítulo de programación modular de una de nuestras asignaturas de la carrera (Estructuras de Datos y Algoritmos). En qué lugar habrá quedado el paradigma de programación modular en un mundo tan orientado a objetos y clases (este primer párrafo NO es APTO para todos los públicos).

Containers

I-con by Lightmash

Este proverbio, que venía muy bien para justificar la necesidad de dividir en módulos las líneas de código de un programa informático para su mejor gestión y utilización, es extrapolable a cualquier tipo de actividad cotidiana y, por supuesto, empresarial. En general, se trata de dividir un problema complejo en partes más simples, tantas veces como sea necesario, hasta que la resolución de las partes sea obvia.

La razón de ser de este post es explicar uno de nuestros avances en los últimos tiempos. Hasta ahora para ir acometiendo nuestros hitos, nos proponíamos tareas de alto nivel, sin ninguna estimación para su ejecución, tan sólo iban acompañadas de un responsable y una fecha para su finalización (bastante dilatada en el tiempo). La realidad de esta situación era que nos poníamos a trabajar sobre la tarea justo al final (el efecto examen: estudiar la última noche) con lo que, en el mejor caso, entregábamos algo incompleto o mejorable y requería de replanificación (en otros casos, ni siquiera hacíamos la tarea y por tanto, también requerían replanificación).

Para evitar este problema, tiramos de los apuntes de 2º de carrera: dividamos las megatareas en tareas más atómicas que podamos realizar en una semana, asignando responsables concretos y tiempos estimados de ejecución. Con esto, obtendríamos un listado de todas las tareas que tenemos que realizar durante la semana.

Las ventajas (habiéndose contrastado durante las últimas semanas) son las siguientes:

  • Más motivación para finalizar la tarea, al ser una tarea fácilmente abarcable.
  • Mejor monitorización y control de lo que se ha realizado y falta por realizar.
  • Capacidad de planificación a corto y medio plazo.
  • Rápida detección de riesgos y problemas que impacten en el retraso de la realización de una tarea.
  • Consecución de los hitos en tiempo.

Con el tiempo probablemente iremos encontrando muchas más ventajas (y alguna desventaja, adicional al incremento temporal de identificación/desglose/asignación de tareas) que os iremos contando, pero nuestra primera impresión es el haber vencido gracias a la división.

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